"Querido autor:
Ultimamente he notado con tristeza que divagas bastante, que piensas tanto lo que quieres y necesitas escribir que terminas dejandome a medias, esas ganas que a veces se notan en tus dedos teminan desvaneciéndose en la última bocanada del cigarro que fumas frente al monitor terminando en solo títulos y posts a medias que nunca publicas porque terminan por no gustarte.
También he notado cierto dejo de recuerdos y de emociones los cuales pareciera que solo buscas transmitirte a ti mismo, ni yo mismo los he entendido y eso que los tengo todo el tiempo
En todos los posts que tienes como borradores he observado algunas cosas que deberías animarte a citar y a compartirme, no para que se lean, sino también para dejarlas salir, ya que pareciera que te has quedado en este ciclo el cual me prometiste (claro, en una entrada a medias) salir y ásí dejar acá eso que a veces quisieras contar.
Te invito a cerrar las páginas de este ciclo, no siempre hay rachas buenas así como tampoco se puede andar con una sonrisa por la vida, simplemente sería irreal pensar que de todo lo bueno no se encontrará ni pizca de malo.
Anda, venga... ¿que te cuesta?
Atte: lo que de verdad si son mas que letras.
viernes, 27 de febrero de 2009
jueves, 19 de febrero de 2009
Sin mas que decir
...No sin antes pensar en decirte adios me quedé mudo, ¿para que gastar palabras en algo que simplemente no se arregla ni con todo el diccionario?, el simple hecho de pensar en decirte algo me hace pensar en la equivocación que invadía mis pensamientos queriendo así llegar mas allá de mis acciones, errare humanum est.
A veces es mejor no decir nada, el inerte silencio no solo es cómodo sino conveniente.
La experiencia una vez mas gana, no solo los paradigmas se hacen eternos, también los hechos que los generan.
Cuando no se tiene nada bueno que decir es mejor no decir nada... Y así me quede en silencio.
A veces es mejor no decir nada, el inerte silencio no solo es cómodo sino conveniente.
La experiencia una vez mas gana, no solo los paradigmas se hacen eternos, también los hechos que los generan.
Cuando no se tiene nada bueno que decir es mejor no decir nada... Y así me quede en silencio.
miércoles, 4 de febrero de 2009
De los difíciles días, el escéptico...
... Dentro del cuarto obscuro se podía ver la silueta de la joven sentada en el centro con apenas una vela como única luz, la flama hacía palidecer aún más su rostro entre las sombras de las viejas sillas y el camastro dentro de la habitación, su aspecto sereno contrastaba con lo triste del ambiente, un hombre entraba detrás de mi esperando poder conversar con la joven que al escuchar abrir la puerta dijo que se le estaba esperando.
El hombre, de actitud nerviosa y figura robusta se acercó lentamente mientras se frotaba las manos bajando los 3 escalones que daban al piso desde la puerta, el eco de sus pisadas irrumpía con el silencio de la habitación, su rostro, invisible entre la obscuridad seguramente mostraba la preocupación de quien se enfrenta a algo que no conoce, su traje obscuro hacía todavía más abrumadora la escena entre la sombras, respirando pesadamente se sentó frente a la joven tras su indicación.
- Una vez que comiences no hay marcha atrás, no puedo asegurar que salga pues ni yo misma estoy segura de que pueda salir- decía tranquilamente la joven -¡no importa, quiero saber, quiero ver porqué así!- alcanzaba a balbucear con un nudo en la garganta el individuo que, ya frente a la flama de la vela, mostraba un rostro sudoroso y una impaciencia mezclada con miedo en el mismo, el diálogo parecía tener sentido para ellos como si estuviesen planeando verse desde hace tiempo, no así para mi, que confundido intentaba adivinar de que hablaban mientras esperaba en el marco de la puerta, mi morbo y mi duda crecían con cada movimiento de la chica y con cada torpe balbuceo del gordo -Toma mi mano- dijo la joven al sujeto que temblando acercaba su mano izquiera hacia un lado de la vela frente a ella, quien la tomó y puso en ella un rizo de cabello, después se levantó y se colocó detrás del sujeto. La chica comenzó a susurrar mus despacio, mientras el hombre continuaba sentado frente a ella, inmovil, tan solo temblando por acción del miedo inminente que sentía, el susurro poco a poco aumentaba, era como un canto, a la ves dulce, a la ves grave, cortado en frases dificiles de pronunciar, la chica solo observaba la vela frente al sujeto, un aire frio se comenzó a sentir, lo sentí en la cara sin importarme, mi curiosidad me tenía atento a la escena frente a mi, - es ridículo- pensaba con el escepticismo que me caracteriza, -como puede haber gente que se sugestiona de esa manera- una sonrisa burlona estaba a punto de dibujarse en mi boca cuando sentí de nuevo el aire frio, esta ves mas intenso al mismo tiempo que la flama de la vela alcanzaba las manos de la chica que con los brazos extendidos sobre el hombre seguía susurrando, mientras este temblaba con mayor intensidad, ahora inconsciente, con un hilo de saliva pendiendo de su bocaza abierta, como si estuviera desmayado, el sudor en su frente goteaba sobre su pecho, el cual victima de espasmos hacía levantarle el torax ligeramente cada ves con mayor frecuencia.
-Ahora eres ella, observa bien, tienes sus recuerdos- decia la joven al hombre que había cesado de temblar y yacía sentado, agachado sobre su barbilla, pálido y respirando lentamente como animal moribundo, -puedes recordar lo que ella vió, saber lo que ella supo, pero solo recordarás una mínima parte y será parte de ti solo en algunos sueños, no puedes intimar en toda su alma- preocupado por la salud del hombre que parecía respirar cada ves con mayor dificultad me contenía a irrumpir preso de la espectación entre el asombro y la incredulidad, el hombre movía ligeramente solo un brazo, su cuello se observaba rígido, la joven se dirigió de nueva cuenta frente al sujeto y se sentó delante de el -Solo así puedo ayudarte, solo así puedes tu ayudarme a mi- mi cabeza era una madeja cada vez mas enredada entre las palabras y los hechos, un grito del hombre aturdió mis oídos mientras sentía como mi corazón se aceleraba víctima del susto y la adrenalina, el hombre con los ojos en blanco después de aquel alarido que cimbró el cuarto se desplomaba pesadamente junto a la vela, la cual se apagó luego del repentino despertar del invitado.
El cuarto se sentía todavía mas frio, a ciegas bajé torpemente los 3 peldaños que me separaban del marco de la puerta al piso, de la nada la vela se volvió a encender dejando al descubierto al hombre sacudiendo su cabeza mientras se levantaba del suelo, aturdido y a la chica sentada sobre una de las sillas de madera en una esquina de la habitación, el hombre, empapado en sudor y sin saber que había pasado solo atinaba a preguntar a la chica si había hecho algo -Lo que tenía que hacer- contestó al pobre gordo que parecía despertar de un mal sueño en una calurosa noche, -Solo recuerda que no todos los sueños son producto de tus recuerdos, también pueden ser recuerdos ajenos- el hombre todavía desconcertado caminó hacia la puerta, su mirada reflejaba incertidumbre y a la ves duda, un hilo de sangre asomaba de una de sus fosas, otro de uno de sus oídos, el cuarto se había vuelto de nueva cuenta cálido, la chica corrió una de las cortinas obscuras que cubrían una de las ventanas, me invitó a sentar junto a ella -Pasa, se que quieres saber que ha pasado con ese tipo- asentí mientras acercaba la otra silla, frente a la luz de la tarde que entraba por la ventana descubierta, saqué una grabadora y me dispuse a escuchar mientras mi lado esceptico se aferraba a cualquier explicación que pudiese llegar a mi cabeza en ese momento y mi lado humano me hacía sentir el mismo miedo que debió haber experimentado aquel pobre diablo cuando se le invitó a pasar mientras se frotaba las manos...
El hombre, de actitud nerviosa y figura robusta se acercó lentamente mientras se frotaba las manos bajando los 3 escalones que daban al piso desde la puerta, el eco de sus pisadas irrumpía con el silencio de la habitación, su rostro, invisible entre la obscuridad seguramente mostraba la preocupación de quien se enfrenta a algo que no conoce, su traje obscuro hacía todavía más abrumadora la escena entre la sombras, respirando pesadamente se sentó frente a la joven tras su indicación.
- Una vez que comiences no hay marcha atrás, no puedo asegurar que salga pues ni yo misma estoy segura de que pueda salir- decía tranquilamente la joven -¡no importa, quiero saber, quiero ver porqué así!- alcanzaba a balbucear con un nudo en la garganta el individuo que, ya frente a la flama de la vela, mostraba un rostro sudoroso y una impaciencia mezclada con miedo en el mismo, el diálogo parecía tener sentido para ellos como si estuviesen planeando verse desde hace tiempo, no así para mi, que confundido intentaba adivinar de que hablaban mientras esperaba en el marco de la puerta, mi morbo y mi duda crecían con cada movimiento de la chica y con cada torpe balbuceo del gordo -Toma mi mano- dijo la joven al sujeto que temblando acercaba su mano izquiera hacia un lado de la vela frente a ella, quien la tomó y puso en ella un rizo de cabello, después se levantó y se colocó detrás del sujeto. La chica comenzó a susurrar mus despacio, mientras el hombre continuaba sentado frente a ella, inmovil, tan solo temblando por acción del miedo inminente que sentía, el susurro poco a poco aumentaba, era como un canto, a la ves dulce, a la ves grave, cortado en frases dificiles de pronunciar, la chica solo observaba la vela frente al sujeto, un aire frio se comenzó a sentir, lo sentí en la cara sin importarme, mi curiosidad me tenía atento a la escena frente a mi, - es ridículo- pensaba con el escepticismo que me caracteriza, -como puede haber gente que se sugestiona de esa manera- una sonrisa burlona estaba a punto de dibujarse en mi boca cuando sentí de nuevo el aire frio, esta ves mas intenso al mismo tiempo que la flama de la vela alcanzaba las manos de la chica que con los brazos extendidos sobre el hombre seguía susurrando, mientras este temblaba con mayor intensidad, ahora inconsciente, con un hilo de saliva pendiendo de su bocaza abierta, como si estuviera desmayado, el sudor en su frente goteaba sobre su pecho, el cual victima de espasmos hacía levantarle el torax ligeramente cada ves con mayor frecuencia.
-Ahora eres ella, observa bien, tienes sus recuerdos- decia la joven al hombre que había cesado de temblar y yacía sentado, agachado sobre su barbilla, pálido y respirando lentamente como animal moribundo, -puedes recordar lo que ella vió, saber lo que ella supo, pero solo recordarás una mínima parte y será parte de ti solo en algunos sueños, no puedes intimar en toda su alma- preocupado por la salud del hombre que parecía respirar cada ves con mayor dificultad me contenía a irrumpir preso de la espectación entre el asombro y la incredulidad, el hombre movía ligeramente solo un brazo, su cuello se observaba rígido, la joven se dirigió de nueva cuenta frente al sujeto y se sentó delante de el -Solo así puedo ayudarte, solo así puedes tu ayudarme a mi- mi cabeza era una madeja cada vez mas enredada entre las palabras y los hechos, un grito del hombre aturdió mis oídos mientras sentía como mi corazón se aceleraba víctima del susto y la adrenalina, el hombre con los ojos en blanco después de aquel alarido que cimbró el cuarto se desplomaba pesadamente junto a la vela, la cual se apagó luego del repentino despertar del invitado.
El cuarto se sentía todavía mas frio, a ciegas bajé torpemente los 3 peldaños que me separaban del marco de la puerta al piso, de la nada la vela se volvió a encender dejando al descubierto al hombre sacudiendo su cabeza mientras se levantaba del suelo, aturdido y a la chica sentada sobre una de las sillas de madera en una esquina de la habitación, el hombre, empapado en sudor y sin saber que había pasado solo atinaba a preguntar a la chica si había hecho algo -Lo que tenía que hacer- contestó al pobre gordo que parecía despertar de un mal sueño en una calurosa noche, -Solo recuerda que no todos los sueños son producto de tus recuerdos, también pueden ser recuerdos ajenos- el hombre todavía desconcertado caminó hacia la puerta, su mirada reflejaba incertidumbre y a la ves duda, un hilo de sangre asomaba de una de sus fosas, otro de uno de sus oídos, el cuarto se había vuelto de nueva cuenta cálido, la chica corrió una de las cortinas obscuras que cubrían una de las ventanas, me invitó a sentar junto a ella -Pasa, se que quieres saber que ha pasado con ese tipo- asentí mientras acercaba la otra silla, frente a la luz de la tarde que entraba por la ventana descubierta, saqué una grabadora y me dispuse a escuchar mientras mi lado esceptico se aferraba a cualquier explicación que pudiese llegar a mi cabeza en ese momento y mi lado humano me hacía sentir el mismo miedo que debió haber experimentado aquel pobre diablo cuando se le invitó a pasar mientras se frotaba las manos...
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