... Dentro del cuarto obscuro se podía ver la silueta de la joven sentada en el centro con apenas una vela como única luz, la flama hacía palidecer aún más su rostro entre las sombras de las viejas sillas y el camastro dentro de la habitación, su aspecto sereno contrastaba con lo triste del ambiente, un hombre entraba detrás de mi esperando poder conversar con la joven que al escuchar abrir la puerta dijo que se le estaba esperando.
El hombre, de actitud nerviosa y figura robusta se acercó lentamente mientras se frotaba las manos bajando los 3 escalones que daban al piso desde la puerta, el eco de sus pisadas irrumpía con el silencio de la habitación, su rostro, invisible entre la obscuridad seguramente mostraba la preocupación de quien se enfrenta a algo que no conoce, su traje obscuro hacía todavía más abrumadora la escena entre la sombras, respirando pesadamente se sentó frente a la joven tras su indicación.
- Una vez que comiences no hay marcha atrás, no puedo asegurar que salga pues ni yo misma estoy segura de que pueda salir- decía tranquilamente la joven -¡no importa, quiero saber, quiero ver porqué así!- alcanzaba a balbucear con un nudo en la garganta el individuo que, ya frente a la flama de la vela, mostraba un rostro sudoroso y una impaciencia mezclada con miedo en el mismo, el diálogo parecía tener sentido para ellos como si estuviesen planeando verse desde hace tiempo, no así para mi, que confundido intentaba adivinar de que hablaban mientras esperaba en el marco de la puerta, mi morbo y mi duda crecían con cada movimiento de la chica y con cada torpe balbuceo del gordo -Toma mi mano- dijo la joven al sujeto que temblando acercaba su mano izquiera hacia un lado de la vela frente a ella, quien la tomó y puso en ella un rizo de cabello, después se levantó y se colocó detrás del sujeto. La chica comenzó a susurrar mus despacio, mientras el hombre continuaba sentado frente a ella, inmovil, tan solo temblando por acción del miedo inminente que sentía, el susurro poco a poco aumentaba, era como un canto, a la ves dulce, a la ves grave, cortado en frases dificiles de pronunciar, la chica solo observaba la vela frente al sujeto, un aire frio se comenzó a sentir, lo sentí en la cara sin importarme, mi curiosidad me tenía atento a la escena frente a mi, - es ridículo- pensaba con el escepticismo que me caracteriza, -como puede haber gente que se sugestiona de esa manera- una sonrisa burlona estaba a punto de dibujarse en mi boca cuando sentí de nuevo el aire frio, esta ves mas intenso al mismo tiempo que la flama de la vela alcanzaba las manos de la chica que con los brazos extendidos sobre el hombre seguía susurrando, mientras este temblaba con mayor intensidad, ahora inconsciente, con un hilo de saliva pendiendo de su bocaza abierta, como si estuviera desmayado, el sudor en su frente goteaba sobre su pecho, el cual victima de espasmos hacía levantarle el torax ligeramente cada ves con mayor frecuencia.
-Ahora eres ella, observa bien, tienes sus recuerdos- decia la joven al hombre que había cesado de temblar y yacía sentado, agachado sobre su barbilla, pálido y respirando lentamente como animal moribundo, -puedes recordar lo que ella vió, saber lo que ella supo, pero solo recordarás una mínima parte y será parte de ti solo en algunos sueños, no puedes intimar en toda su alma- preocupado por la salud del hombre que parecía respirar cada ves con mayor dificultad me contenía a irrumpir preso de la espectación entre el asombro y la incredulidad, el hombre movía ligeramente solo un brazo, su cuello se observaba rígido, la joven se dirigió de nueva cuenta frente al sujeto y se sentó delante de el -Solo así puedo ayudarte, solo así puedes tu ayudarme a mi- mi cabeza era una madeja cada vez mas enredada entre las palabras y los hechos, un grito del hombre aturdió mis oídos mientras sentía como mi corazón se aceleraba víctima del susto y la adrenalina, el hombre con los ojos en blanco después de aquel alarido que cimbró el cuarto se desplomaba pesadamente junto a la vela, la cual se apagó luego del repentino despertar del invitado.
El cuarto se sentía todavía mas frio, a ciegas bajé torpemente los 3 peldaños que me separaban del marco de la puerta al piso, de la nada la vela se volvió a encender dejando al descubierto al hombre sacudiendo su cabeza mientras se levantaba del suelo, aturdido y a la chica sentada sobre una de las sillas de madera en una esquina de la habitación, el hombre, empapado en sudor y sin saber que había pasado solo atinaba a preguntar a la chica si había hecho algo -Lo que tenía que hacer- contestó al pobre gordo que parecía despertar de un mal sueño en una calurosa noche, -Solo recuerda que no todos los sueños son producto de tus recuerdos, también pueden ser recuerdos ajenos- el hombre todavía desconcertado caminó hacia la puerta, su mirada reflejaba incertidumbre y a la ves duda, un hilo de sangre asomaba de una de sus fosas, otro de uno de sus oídos, el cuarto se había vuelto de nueva cuenta cálido, la chica corrió una de las cortinas obscuras que cubrían una de las ventanas, me invitó a sentar junto a ella -Pasa, se que quieres saber que ha pasado con ese tipo- asentí mientras acercaba la otra silla, frente a la luz de la tarde que entraba por la ventana descubierta, saqué una grabadora y me dispuse a escuchar mientras mi lado esceptico se aferraba a cualquier explicación que pudiese llegar a mi cabeza en ese momento y mi lado humano me hacía sentir el mismo miedo que debió haber experimentado aquel pobre diablo cuando se le invitó a pasar mientras se frotaba las manos...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

1 comentario:
¿Sueño o realidad?
Publicar un comentario