miércoles, 29 de julio de 2009

Pasando la calle

Durante la tarde de ayer, en el MSN...

Amigo dice: que onda wey
"Y" dice: que onda, ¿que haciendo?
Amigo dice: ya cerrando el changarro, necesito ir por unos DVD al office max y tu?
"Y" dice: yo esperando a que pase la lluvia para irme, sigue lloviendo a madres por acá y no me quiero mojar
Amigo dice: no traes nave?
"Y" dice: Nop, acá vivo cerca del trabajo, pero en casos como este si que hace falta
Amigo dice: te doy un ryde wey, sirve de que me acompañas a ver una lap que me quiero comprar
Amigo dice: pero no la quiero cagar en cuanto a cual es la mas mejor :S, tengo miedo, teeeengo miedo :'(
"Y" dice: ¡Bambi!, te veo por acá cerca, por donde compramos la vez pasada las chelas
Amigo dice: vientos, ahí pasando la calle para que no te mojes paso como en media hora wey traigo el coche gris...
Media hora mas tarde...
Bueno, la intención es lo que cuenta, por lo menos de las rodillas para arriba ¡el paraguas funcionó muy bien!

jueves, 16 de julio de 2009

Rocio del sureste, segunda parte


Terminado el baño, salí de la regadera con pasos pausados, todavía adormilada y sin prisa. La apatía me hacía llegar al punto de la fiaca, no tenía las ganas del mundo para salir de casa - mejor me quedo a ver una película - pensaba, pero la conciencia es harto poderosa: lo había prometido, saldría y compraría esos afiches de Santa Claus, muérdago, renos y pinos nevados, al mismo tiempo registraba mis cajones algo con que cubrir mi desnudez, ese conjunto de ropa interior comprado para una de tantas salidas a Cancún con el fue lo primero que se asomó entre las prendas, pequeño, sugerente y suave, muy muy suave... - ¡de lo que te pierdes! - le decía a mi imagen en el espejo mientras me observaba y a la vez me animaba, - ¡Este no lo viste! -

Salí de la casa con nada mas en la cabeza que la monotonía, mi bolsa y un libro en la mano izquierda, una mente llena de preguntas, paradójicamente la distracción comenzaba con todo aquello de lo que necesitaba distraerme.

Por fin, al iniciar mi caminata en Mérida tras algunas horas de viaje repasaba mi lista de memoria cuando en mi bolsa una vibración y el tono caracteristico rompió ese repaso; Sonó el celular y la voz de mi jefe se escuchó: mis compañeras le habían dicho que yo estaría en esa ciudad y una persona que era la encargada de revisar los equipos con los que trabajábamos llegaría a Mérida por lo que, aprovechando que yo estaba ahí, necesitaba que lo llevara a Valladolid, donde comenzaría la revisión en toda la región, expliqué que me era imposible pues ya no contaba con automovil (el cual Daniel, mi exnovio me prestaba en algunas ocasiones para que yo viajase... ¡ahora entiendo porque!), a lo que me contestó que "el inge" rentaría uno en el aeropuerto para moverse durante toda su estancia en el estado "regreso gratis" pensé mientras respondía que aceptaba esa encomienda, me dijo que se comunicaría con el y que el punto de encuentro sería el parque santa Lucía a la una de la tarde, me quedaban 2 horas para hacer mis compras.

10 minutos antes de la hora, me dirigí hacia el lugar donde esperaría a esta persona, "playera blanca y pantalón de mezclilla azúl" eran las únicas características que mi jefe me había dado para identificarlo, tarea que no fue dificil al verlo con una refacción caracterísitica de los equipos que revisaría la cual traía a propósito para hacer mas facil la búsqueda mutua, puntual a la una de la tarde lo encontré y me dirigí hacia el.

El tipo era alto, moreno, ni gordo ni flaco, usaba gafas y parecía no haberse rasurado en tres días, de facciones varoniles y marcadas a pesar de verse cansado y desvelado, me parecía hasta cierto punto atractivo a pesar de verse no mayor de 26 años (debo confesar que como la mayoría de las chicas de mi edad, me gustan mayores pues se ven interesantes) "no es feo el huach", pensé, mientras me presentaba y le contaba todas las instrucciones que se me habían dado vía celular, su voz se escuchaba un tanto cálida, ¡lindo timbre!

Tras los formalismos de presentación, me ofrecí a invitarlo a comer a lo que el accedió gustoso, -los cacahuates que ofrecen en el avión no son suficientes- me decía mientras tomaba mis bolsas con los adornos navideños recien comprados y los guardaba en la cajuela junto con su refacción-credencial de indentificación, subimos al aumovil rentado y le indiqué el camino a uno de los restaurancitos que por experiencia sabía era bueno, para el era su segundo viaje a Mérida por lo que no estaba tan perdido en cuanto a que quería comer, ya en el auto se rompió un poco mas el hielo normal del encuentro de dos completos desconocidos mientras se platicaba de vanalidades: el calor del lugar, la duración del vuelo, la misión de su viaje, etc. Mientras tanto, no pude evitar el cruce de miradas dentro del auto, era tímido y pocas veces durante ese tiempo había visto sus ojos.

Ya mientras esperábamos la comida me preguntó si de verdad era de Yucatán, según el, no parecía de ahí por la tez y la estatura (mido 1.72 y no soy tan morena) y al mencionar lo que pensaba de los yucatecos: creía que todos somos bajitos, morenos y con rasgos característicos, le expliqué que mis padres eran "de fuera", mi padre jaliscience y mi madre michoacana, -además, la impresión es mútua- le respondía mientras le comentaba que esperaba toparme con el típico "huache", los dos reímos un poco, me parecía agradable y poco a poco me inspiraba confianza, le pregunté el porqué había llegado desde el sábado por la mañana si su trabajo comenzaría el día lunes, la visita al estado por placer fue su respuesta, era de los lugares que mas le gustaban en la república.

La plática se extendió por dos horas mas con temas como el trabajo y los puntos que cada uno envidiaba de las tareas del otro, -yo envidio tu lugar de trabajo- me explicaba al reiterarme el gusto por el sureste, -y yo, adoraría
conocer gente nueva cada que salgo a trabajar- contestaba mientras observaba el reloj, al darse cuenta del sutil gesto de prisa se ofreció a pagar mientras hacíamos cálculos del tiempo para llegar a Valladolid. Ya fuera del
restaurante, caminamos hacia el auto, con un poco de pena me preguntó si tenía prisa por llegar pues el quería invitarme una bebida, pensé un poco, vivo solo con una amiga, por lo que nadie me esperaba en esos momentos, así mismo recordé uno de mis objetivos por lo que acepté la invitación mientras mandaba un mensaje a mi amiga en el cual le indicaba que seguía en Mérida, de pronto me di cuenta de que me comenzaba a sentir bien después de mi trago amargo del tiempo en el cual solo me había dedicado a mi pena, quizá era la necesidad de sentirme mejor lo que me había hecho romper el hielo con "el inge" y aceptar su invitación para convivir antes de partir a Valladolid.

La primera ronda de cervezas llegó, la pregunta obligada por parte de el sobre la posible existencia de problemas porque yo llegara tarde llegó tras ella, le platiqué que no vivo con mis padres los cuales hace mas de 10 años
viven en Cancún, la casa donde habito es de su pertenencia pero comparto la misma con una chica de Campeche la cual trabaja conmigo, el por su parte vive en el distrito, al igual que yo, solo, sin mucho tiempo para convivir con
amigos por su trabajo, por lo que la única manera de socializar es durante un viaje y por eso procura aprovechar los fines de semana para conocer algo mas que el aeropuerto y las oficinas, observaba sus ojos, tenían cierta chispa y
las ojeras ya habían desaparecido, su boca además dibujaba una linda sonrisa, ya para la tercera ronda le platicaba sobre mi signo zodiacal y lo que se siente tener 29 años recien cumplidos el mes pasado, la cuarta ronda, ahora
con vodka y quina me hizo platicar mas sobre mi reciente rompimiento amoroso... ya sabía como era su mirada.

miércoles, 8 de julio de 2009

Rocio del sureste, primera parte


"Diciembre del 2004 llegaba y con el también llegaba la temporada de menos calor en la región, por fin el uso del ventilador ya no era tan necesario por las noches y solo se prendía para auyentar a unos cuantos mosquitos que despistados aparecían en estas fechas, despertaba de nuevo volteando a mi lado izquierdo, faltaba de nuevo su mano sobre mi cadera o sobre mi brazo y a mi me faltaba el sabor de su boca, "maldito infiel" pensaba para matar el "como te extraño" que antecedía, aún no me acostumbraba a la carencia de Daniel en el amanecer al inicio del fin de semana, aún con el calor extrañaba el suyo, me imaginaba mi semblante al despertar sintiendo su falta, comenzaba la lucha rutinaria entre el extrañarlo y guardarle rencor.

Mientras me preparaba para el baño repasaba mis pendientes, necesitaba comprar la despensa y también todo lo necesario para ir adornando la oficina aunque siempre se me haya hecho una tontería comprar imágenes de árboles nevados para festejar navidad; Doblemente tonto se me hacía comparlos en Yucatán con las temperaturas que alcanzábamos aún en invierno, aprovecharía para comprarme mas ropa, mas zapatos, algo mas para mi, quería y necesitaba consentirme.

Era el primer sábado de diciembre y había apartado esta fecha para hacer las compras de adornos necesarios en Mérida tanto de la casa como los encargos para los cubículos de mis compañeras de trabajo, además seguiría el consejo de Alicia, mi amiga y compañera de vivienda quien pensaba que caminar y mantenerme ocupada eran una buena terapia para que dejara de pensar en "el imbecil ese" o mi exnovio que hace un par de meses había ganado a pulso las dos primeras letras de este calificativo tras haberlo descubierto por sorpresa, en su domicilio conocido semidesnudo junto con una igualmente semidesnuda y conocida. Aún recuerdo esa sopresa para los tres: regresaba del trabajo y quería dejarle un presente por cuatro años de aniversario junto con una tarjeta y una invitación esa noche a mi recámara y a mi cuerpo para dejar que su imaginación volara, sería tan atrevida como siempre lo había sido y tan sumisa como el me pidiera que lo fuera, mi único límite sería su cansancio. Aprovecharía que el estaba en Mérida para dejar en su casa los regalos, su auto estaba ahí, pensé que algo se había complicado para el pero para mi sería la opotunidad de darle en persona lo que había planeado como sorpresa, la cual al fin se dió cuando lo ví a través de la ventana de la sala abrazado a ella, "su gran amiga", con los senos al aire y con la única prenda íntima que tenía del color favorito de el.

Aún recuerdo esa tarde cuando los descubrí, todavía siento como se fueron volando en instantes los planes de vivir juntos, de poner una tienda de ropa y 4 años de noviazgo, en esos momentos, me imaginaba que no era la primera vez que, según el, tenía que viajar a Mérida desde Valladolid para ´"atender unos asuntos". Aún dos meses después la frase "¡Rocio, eres una pendeja!" salía frecuentemente entre murmullos matizados con rabia de mi boca y las ganas de llorar de coraje todavía empapaban mis ojos, la autotortura no esperaba y llegaban a mi mente escenas de su rostro mientras hacíamos el amor, su sudor y su excitación, su torso desnudo, esa energía fundida en un abrazo, todo eso pero no conmigo, de nuevo recordaba a la zorra esa sin sostén, la imaginaba sobre de el, por petición de el, recordaba que mas de una vez recorrí de la misma manera la sala tras salir de la regadera después de refrescar nuestros cuerpos y calmar nuestro deseo de más... nunca funcionaba pues volvíamos a encenderlo semidesnudos, así tal cual los encontré, sabía entonces que interrumpía lo que tantas veces me tenía como la protagonista de esa escena de pasión... sin mi, con otra.

En ese lapso de auto flagelación no sabía como, pero algo me despertaba haciendo que inmediatamente ese mismo coraje me diera fuerza para recordarme el no llorar... ese era mi propósito: olvidar y seguir adelante... ¡como si fuera tan facil!, mi autoestima estaba tan por los suelos que me sentía no solo engañada sino tonta por dejarme engañar, las peores horas eran las de la noche, lo imaginaba con la otra, dándole las caricias que a mi me había dado, derramando su pasión y líbido, tocándola donde se que es bueno tocando, besando, lamiendo...quizá practicaba conmigo lo que con ella aprendía o viceversa, ¿Por cuanto tiempo fue así?, ¿Qué me faltó para que no buscara a otra?, preguntas que además de eco causaban dolor en mi cabeza..."

La edad para ser ridículo

Por la mañana de hoy, tuve que salir de la oficina por unas horas, la razón: un trámite en las oficinas de hacienda para cumplir con los impuestos (si, esos malditos impuestos), el dilema de siempre para decidir como llegar a estas oficinas se hizo presente de nueva cuenta y se resolvió como siempre ganando por mayor número de razones el peje bus (metrobus) tras necesitar desplazarme desde el sur hasta reforma, así que tras llegar al fondo de la segunda taza de café mañanero busqué mi tarjeta para poder abordar y me dirigí hacia la estación mas cercana.

Mientras me acomodaba entre los demás pasajeros, no pude evitar observar a una pareja de chicas que hiban sentadas en las primeras filas de la entrada al metrobus, las dos vestían de manera similar: pantalones negros, playeras alusivas a grupos punk (azul y obscura), el mismo estilo de peinado y ambas con zapatos de piso, platicando de lo aburrida que había sido la clase de la que habían salido entre otras cosas, me llamó la atención lo similares que eran sin ser físicamente parecidas.

Continué mi viaje buscando los mismos patrones en jóvenes de edades similares según mis cálculos (15 - 17 años) cuando para fortuna de mis estadísticas subió ahora un chico con la misma tendencia de vestimenta pero con algunos extras: la playera era rosa, lucía mas piercings en la cara que las dos chavas juntas y sus pantalones parecían ser de marca "exterminador de testículos", pensé entonces en las modas anteriores como los pantalones a la cadera y acampanados de los setenta y de regreso a finales de los 90, las playeras con estampados de los looney tunes vestidos "cool" de la misma década entre otras usanzas, también recordé como me vestía en esas fechas cuando era puberto y como se llegaban a vestir mis amigos sin encontrar un pasaje en el que me haya visto así... aunque para constatar esto último tendría que preguntarle a mis padres, quienes pueden tener otra percepción.

Recordé entonces unas palabras de uno de mis maestros haciendo alusión a un compañero que lucía un corte "de honguito" por esas épocas: "estás en la edad de ser ridículo" y automáticamente pensé que lo único que envidiaría de vivir como adolescente en estos momentos es la tecnología para captar imagenes y videos con la que ahora contamos, si la hubiese tenido no faltarían fotografías para recordar lo ridículo que era o éramos, porque de que hubo ridiculeces, ¡seguro que las hubo!

Por fin llegué a mi destino, hice el trámite necesario (extrañamente rápido, pareciera que hacienda trama algo y no nos quiere decir) y me dirigí de vuelta sonriendo cada que me topaba con algún puber tratando de llamar la atención con su manera de vestir y pensando a la vez en una definición de jovenes que en alguna ocasión escuché:

"jovenes son aquellos entes que buscan ser diferentes vistiéndose todos iguales"

Al fin y al cabo todos tuvimos nuestro momento para ser ridículos.