
Terminado el baño, salí de la regadera con pasos pausados, todavía adormilada y sin prisa. La apatía me hacía llegar al punto de la fiaca, no tenía las ganas del mundo para salir de casa - mejor me quedo a ver una película - pensaba, pero la conciencia es harto poderosa: lo había prometido, saldría y compraría esos afiches de Santa Claus, muérdago, renos y pinos nevados, al mismo tiempo registraba mis cajones algo con que cubrir mi desnudez, ese conjunto de ropa interior comprado para una de tantas salidas a Cancún con el fue lo primero que se asomó entre las prendas, pequeño, sugerente y suave, muy muy suave... - ¡de lo que te pierdes! - le decía a mi imagen en el espejo mientras me observaba y a la vez me animaba, - ¡Este no lo viste! -
Salí de la casa con nada mas en la cabeza que la monotonía, mi bolsa y un libro en la mano izquierda, una mente llena de preguntas, paradójicamente la distracción comenzaba con todo aquello de lo que necesitaba distraerme.
Por fin, al iniciar mi caminata en Mérida tras algunas horas de viaje repasaba mi lista de memoria cuando en mi bolsa una vibración y el tono caracteristico rompió ese repaso; Sonó el celular y la voz de mi jefe se escuchó: mis compañeras le habían dicho que yo estaría en esa ciudad y una persona que era la encargada de revisar los equipos con los que trabajábamos llegaría a Mérida por lo que, aprovechando que yo estaba ahí, necesitaba que lo llevara a Valladolid, donde comenzaría la revisión en toda la región, expliqué que me era imposible pues ya no contaba con automovil (el cual Daniel, mi exnovio me prestaba en algunas ocasiones para que yo viajase... ¡ahora entiendo porque!), a lo que me contestó que "el inge" rentaría uno en el aeropuerto para moverse durante toda su estancia en el estado "regreso gratis" pensé mientras respondía que aceptaba esa encomienda, me dijo que se comunicaría con el y que el punto de encuentro sería el parque santa Lucía a la una de la tarde, me quedaban 2 horas para hacer mis compras.
10 minutos antes de la hora, me dirigí hacia el lugar donde esperaría a esta persona, "playera blanca y pantalón de mezclilla azúl" eran las únicas características que mi jefe me había dado para identificarlo, tarea que no fue dificil al verlo con una refacción caracterísitica de los equipos que revisaría la cual traía a propósito para hacer mas facil la búsqueda mutua, puntual a la una de la tarde lo encontré y me dirigí hacia el.
El tipo era alto, moreno, ni gordo ni flaco, usaba gafas y parecía no haberse rasurado en tres días, de facciones varoniles y marcadas a pesar de verse cansado y desvelado, me parecía hasta cierto punto atractivo a pesar de verse no mayor de 26 años (debo confesar que como la mayoría de las chicas de mi edad, me gustan mayores pues se ven interesantes) "no es feo el huach", pensé, mientras me presentaba y le contaba todas las instrucciones que se me habían dado vía celular, su voz se escuchaba un tanto cálida, ¡lindo timbre!
Tras los formalismos de presentación, me ofrecí a invitarlo a comer a lo que el accedió gustoso, -los cacahuates que ofrecen en el avión no son suficientes- me decía mientras tomaba mis bolsas con los adornos navideños recien comprados y los guardaba en la cajuela junto con su refacción-credencial de indentificación, subimos al aumovil rentado y le indiqué el camino a uno de los restaurancitos que por experiencia sabía era bueno, para el era su segundo viaje a Mérida por lo que no estaba tan perdido en cuanto a que quería comer, ya en el auto se rompió un poco mas el hielo normal del encuentro de dos completos desconocidos mientras se platicaba de vanalidades: el calor del lugar, la duración del vuelo, la misión de su viaje, etc. Mientras tanto, no pude evitar el cruce de miradas dentro del auto, era tímido y pocas veces durante ese tiempo había visto sus ojos.
Ya mientras esperábamos la comida me preguntó si de verdad era de Yucatán, según el, no parecía de ahí por la tez y la estatura (mido 1.72 y no soy tan morena) y al mencionar lo que pensaba de los yucatecos: creía que todos somos bajitos, morenos y con rasgos característicos, le expliqué que mis padres eran "de fuera", mi padre jaliscience y mi madre michoacana, -además, la impresión es mútua- le respondía mientras le comentaba que esperaba toparme con el típico "huache", los dos reímos un poco, me parecía agradable y poco a poco me inspiraba confianza, le pregunté el porqué había llegado desde el sábado por la mañana si su trabajo comenzaría el día lunes, la visita al estado por placer fue su respuesta, era de los lugares que mas le gustaban en la república.
La plática se extendió por dos horas mas con temas como el trabajo y los puntos que cada uno envidiaba de las tareas del otro, -yo envidio tu lugar de trabajo- me explicaba al reiterarme el gusto por el sureste, -y yo, adoraría
conocer gente nueva cada que salgo a trabajar- contestaba mientras observaba el reloj, al darse cuenta del sutil gesto de prisa se ofreció a pagar mientras hacíamos cálculos del tiempo para llegar a Valladolid. Ya fuera del
restaurante, caminamos hacia el auto, con un poco de pena me preguntó si tenía prisa por llegar pues el quería invitarme una bebida, pensé un poco, vivo solo con una amiga, por lo que nadie me esperaba en esos momentos, así mismo recordé uno de mis objetivos por lo que acepté la invitación mientras mandaba un mensaje a mi amiga en el cual le indicaba que seguía en Mérida, de pronto me di cuenta de que me comenzaba a sentir bien después de mi trago amargo del tiempo en el cual solo me había dedicado a mi pena, quizá era la necesidad de sentirme mejor lo que me había hecho romper el hielo con "el inge" y aceptar su invitación para convivir antes de partir a Valladolid.
La primera ronda de cervezas llegó, la pregunta obligada por parte de el sobre la posible existencia de problemas porque yo llegara tarde llegó tras ella, le platiqué que no vivo con mis padres los cuales hace mas de 10 años
viven en Cancún, la casa donde habito es de su pertenencia pero comparto la misma con una chica de Campeche la cual trabaja conmigo, el por su parte vive en el distrito, al igual que yo, solo, sin mucho tiempo para convivir con
amigos por su trabajo, por lo que la única manera de socializar es durante un viaje y por eso procura aprovechar los fines de semana para conocer algo mas que el aeropuerto y las oficinas, observaba sus ojos, tenían cierta chispa y
las ojeras ya habían desaparecido, su boca además dibujaba una linda sonrisa, ya para la tercera ronda le platicaba sobre mi signo zodiacal y lo que se siente tener 29 años recien cumplidos el mes pasado, la cuarta ronda, ahora
con vodka y quina me hizo platicar mas sobre mi reciente rompimiento amoroso... ya sabía como era su mirada.